
Ahora que ya no existes más que en una colección de recuerdos, el tiempo me va devorando a ritmo lento.
El camino en soledad es una sucesión repetida de torpes tropiezos. Y mientras la primavera estalla de vida, aroma y colores vivos; yo vivo en una alegoría llena de inercia.
Aquí, con mis manos frías y tus fotos entre ellas, pronuncio bajito tu nombre.
-tu nombre proyectaba toda una primavera-
...en voz baja, cuando nadie me mira, aún pronuncio un
te quiero.
Pasan los días. Con sus horas, minutos y todos los segundos que suceden... una interminable secuencia que repite un sólo instante. Y en él, tu marcha. Tú.
tú.
tú.
tú.