
Mantenerte en mi mente es el anhelo más peligroso de todos, pues no es sólo el echarte de menos, sino que, después del tiempo que ha ido muriendo entre nosotros, tu imagen ha ido aumentando dentro de mí;
como el suspiro que nunca tiene fin en una boca deseosa
de poseer el pecado de algún carnal beso,
y ahí está mi pecado,
de poseer el pecado de algún carnal beso,
y ahí está mi pecado,
en el revuelo de sensaciones cuando de pronto te recuerdo y eres tú y tu imagen difuminándose delante de mí invadiendo el vacío que el destino mantiene con su perverso juego, te lleva y te trae hasta mí, te mantiene lejos y a la vez los suspiros rotos de mi boca vuelven a susurrar tu nombre hasta que mi mente explota y con ello todo vuelve a llenarse por segundos de tí. Y así te encuentro, dentro de un monólogo personal donde no soy yo la que te dirige, sino que, es el conjunto entre el tiempo, los sueños y las mismas ganas que se mantienen para que de nuevo aparezcas.
Nunca hay un sentimiento
controlado
dentro de un corazón
que fue dañado.
controlado
dentro de un corazón
que fue dañado.